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  • Bolígrafos inteligentes

    Una pequeña empresa alemana se ha propuesto utilizar las nuevas tecnologías para enseñarnos a escribir, es decir, a redactar correctamente, a no cometer faltas de ortografía y a hacerlo de una manera limpia y curiosa (caligrafía). O sea, lo que muchos hicimos durante nuestra infancia a base de dictados, redacciones, caligrafía y un boli rojo, y ahora, según parece no se hace. Dicen los entendidos que nunca como ahora se han valorado menos estas cosas y que a ello han ayudado los modos de escribir que la telefonía móvil ha implantado sobre todo entre nuestros jóvenes. Ocurre, sin embargo, que escribir correctamente y presentar un documento como Dios manda son habilidades necesarias hoy y lo serán en el futuro, de manera que algo habrá que hacer para que nuestros chavales salgan de la escuela  con el objetivo básico bien cubierto.

    La citada empresa se ha puesto a la labor y trabaja en la creación de un bolígrafo inteligente, capaz de ayudarnos a mejorar en esos tres ámbitos: escribir limpio y claro (caligrafía), escribir coherentemente (gramática), y hacerlo conforme a las reglas ortográficas. El prototipo está muy avanzado y su aspecto no difiere externamente del de los bolis convencionales. Naturalmente está dotado de un poderoso software (adaptable a cualquier idioma) para ayudar al usuario a escribir bien. Puesto en "modo caligrafía", vibra si la letra es ilegible. En el modo alternativo, vibra una vez si detecta un error ortográfico, y dos cuado el fallo es gramatical. Lo positivo del boli es que se limita a avisar de un posible error; te dice “¡alto ahí!, ¡piensa!”; en ningún caso te da soluciones, lo que te obliga a revisar lo que acabas de escribir…

    Lernstift, que así se llama la empresa, pretende producir ella misma el bolígrafo inteligente, sin ponerse en manos de ninguna multinacional, por lo que invita a los interesados a participar en el proyecto en calidad de inversores. Si todo va bien, dicen, este verano chequearán el producto entregando los primeros 500 ejemplares del invento. Si las pruebas son positivas, a finales de 2013 estarán en las tiendas. No se sabe nada del precio…

     
  • Lavar la fruta

     

    Como sé que los actuales sistemas de cultivo intensivo, lo mismo da si son cereales que frutas o verduras y hortalizas, utilizan pesticidas y productos varios con el fin de acelerar los procesos y de eliminar el riesgo de plagas, las malas hierbas y todo lo que desde la naturaleza pone en peligro las cosechas, me interesa saber si lavando previamente los alimentos consigo eliminar los restos de esos productos que inevitablemente se adhieren a su piel. Mis padres me han inculcado lo de lavar bien frutas y verduras antes de consumirlas y veo que los padres de hoy siguen haciendo lo mismo con sus hijos.

    También me inculcaron lo de pelar las cosas por aquello de que la piel es la parte más expuesta. Claro que, a veces, me pregunto por la posibilidad de pelar las cerezas, las ciruelas o las uvas, y no veo la manera. También me queda la duda de saber en qué medidas esas frutas y hortalizas han absorbido los plaguicidas que alguien ha echado y, por tanto, lavarlas es un acto plausible pero inútil. Sé además que muchos de esos productos químicos no son nada buenos para la salud humana y que, si bien un contacto esporádico con ellos no va a ninguna parte, ingerirlos regularmente durante décadas puede terminar causando problemas.

    Por todo ello me ha interesado mucho la lectura de un serio artículo que, además de alabar la práctica del consumo de frutas y verduras orgánicas (las orgánicas de verdad, ojo) por todo lo dicho hasta ahora, separa en dos grupos las frutas y verduras más corrientes atendiendo a los niveles de absorción de esos productos tóxicos que unas y otras presentan. Porque, y eso yo no lo sabía, las hoy que “se protegen” más, es decir, que absorben menos pesticidas, supongo que debido a las características de su piel. Esto es lo que he leído: piñas, mangos, aguacates, plátanos, coliflor, sandía, kiwi, coles de Bruselas, berenjenas, arándanos, rábanos, cebollas y pomelos me han de interesar porque absorben menos productos añadidos. Sin embargo, peras, judías verdes, manzanas, calabacín, fresas, frambuesas, espinacas, patatas y tomates me convienen menos si atiendo al factor “absorción”.

     
  • Hablar solos

    Muchas personas tienen la costumbre de hablar en voz alta consigo mismas y, pese a que se sabe más bien poco de este mecanismo, la idea más generalizada es que se trata de algún tipo de desajuste. Vamos, que hablar solo está mal visto y quien lo practica es etiquetado, en buen plan eso sí, de loco o cosas por el estilo. En general, miramos con preocupación y sorpresa a quien habla solo por la calle mientras camina. Salvando las distancias, es el mismo mecanismo que utilizan las personas que son incapaces de leer en silencio y se ven necesitadas de pronunciar, moviendo los labios o directamente en voz alta, lo que leen o lo que en ese momento están escribiendo o tecleando. Quienes tienen esos hábitos los justifican diciendo que ello les ayuda a concentrarse en la tarea.

    Resulta que hay ciertas investigaciones en marcha que se proponen confirmar que ese mecanismo cerebral no tiene nada de pernicioso y que, muy al contrario, hablar a solas estimula el cerebro y mejora la capacidad de concentración. Se conocen, por ejemplo, estudios realizados con niños que demuestran que cuando describen en voz alta las tareas que van a realizar y siguen explicándolas mientras las llevan a cabo en el curso de cualquier proceso de aprendizaje, su trabajo es más eficaz e interiorizan antes los contenidos y habilidades sobre los que trabajan. Es decir, de momento, dejemos a los niños hablar consigo mismos mientras aprenden o juegan si es eso lo que “les sale” de manera espontánea.

    Los primeros trabajos realizados con adultos ofrecen resultados similares: en general, conversando con ellos mismos, los sujetos sometidos a experimento son más efectivos, por lo que es posible pensar que el lenguaje se constituye en aliado de uno mismo a la hora de estimular la percepción y de dirigir la atención en la dirección correcta. Si más adelante los científicos “entran” en el cerebro y determinan qué áreas se estimulan específicamente en el curso de estos procesos, se podrán confirmar las primeras hipótesis y ayudar a las personas con déficit de atención, por ejemplo. Entre tanto, habla solo o sola sin ningún reparo…

     
  • Redes sociales

    ¿Qué asuntos interesan a los padres de hoy en día en relación con la educación de sus hijos? ¿En qué cuestiones se consideran poco o nada informados y, como consecuencia, desearían estar más preparados? Evidentemente, las respuestas a estas preguntas tan abiertas serán muy diversas y variarán entre países y culturas, pero hay algo que preocupa especialmente y de modo recurrente a los padres de hoy en día: las redes sociales y, sobre todo, los riesgos a que sus hijos se exponen moviéndose en ese mundo. Se trata de un ámbito que dominan menos que los jóvenes (o que directamente no dominan) y que les provoca temor, ansiedad e incertidumbre a la vista de las dificultades que origina controlar los movimientos “virtuales” de sus hijos a partir del momento en que disponen de un teléfono medianamente inteligente. 

    Es un hecho que en muchos casos, los adultos estamos ante un mundo desconocido del que sabemos una única cosa: nuestros hijos están expuestos a un exceso de información, tienen acceso a “sitios” poco o nada interesantes, y disponen de oportunidades de interactuar con personas malintencionadas. Por otro lado, no debemos olvidar que las nuevas tecnologías ofrecen oportunidades que son auténticas ventajas a la hora de relacionarnos con nuestros hijos y de mantener el contacto con ellos, sea cual sea la distancia que nos separa. Dicho esto, los expertos recomiendan a los adultos con responsabilidades un primer paso que parece bastante sensato: como es muy importante saber de qué se habla, procede entrar sin miedo en ese mundo, informarse, tomar contacto y usar las redes sociales y todas las herramientas de que disponemos.

    Como padres, deberíamos funcionar con un punto de vista que ha valido siempre: nuestros padres debieron en su momento hacer un esfuerzo para ponerse a nuestra altura y “comprendernos” a todos los efectos; hagámoslo con nuestros hijos, juguemos con sus mismas cartas, y luego expliquémosles que ellos, cuando sean adultos, no podrán evitar ese trabajo de adaptación con quienes vienen por detrás. Entre tanto, busquemos las ventajas de las nuevas tecnologías y obtengamos de ellas el máximo provecho en lo que tiene que ver con nuestros hijos. Se trata de estudiar un poquito… Sin miedo ni complejos.

     
  • Pereza

    En el catecismo que yo estudié de chaval la pereza era uno de los siete pecados capitales y supongo que esa es una de las razones por las que las conductas perezosas siempre han estado mal vistas por aquí. En aquel librito se ofrecía el antídoto o virtud para combatir cada uno de esos siete vicios que “de natural” acechan a los humanos (pereza, soberbia, gula, envidia, avaricia, lujuria e ira). Por ejemplo, se podía leer: “Contra la pereza, diligencia”.  Así de sencillo: “si eres perezoso, espabila, deja de serlo y punto”.

    Parecer, sin embargo, que las cosas no son tan sencillas para ciertas personas. Si las investigaciones en curso confirman los resultados obtenidos con roedores en el laboratorio, algunas personas lo tienen complicado porque podrían estar predispuestas genéticamente para ser perezosas.

    Según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Missouri (EEUU) entre varias generaciones de dos grupos separados de roedores (unos activos y otros perezosos), las diferencias en la composición de las células musculares de uno y otro son mínimas, pero las diferencias genéticas son significativas. Éstas se han detectado en hasta 36 genes que pueden desempeñar un papel capital en la predisposición o motivación hacia la actividad física. También han comprobado que cuando se desactivan algunos de esos genes, los ratones antes activos se vuelven vagos…

    La cuestión ahora es consolidar estos resultados y trasponerlos, mediante los estudios correspondientes, a la especie humana, algo que podría ser muy útil en el tratamiento, por ejemplo, de ciertos casos de obesidad. Como dice uno de los investigadores, “sería muy útil saber si una persona está genéticamente predispuesta a sufrir una falta de motivación para llevar una vida activa y para hacer ejercicio ya que todo ello podría hacerla más propensa a la obesidad”. 

    Una curiosidad: los primeros cristianos usaban otra clasificación de los “pecados o vicios capitales”. Concretamente nombraban dos que con el tiempo desaparecieron, la tristeza y la vanagloria, pecados de los que nadie ha estudiado si nacemos con ellos o nos los trabajamos…