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Píldoras inteligentes

Conozco a una señora de más de 90 años que, con mucha gracia, suele decir que las seis o siete pastillas que toma diariamente son muy inteligentes: cada una, sin necesidad de instrucciones, va a su destino y cumple con su misión. Ésta, al corazón; la otra, a los huesos, etc., todas listas y predispuestas, demostrando una “inteligencia” sobresaliente. Recuerdo a esta mujer mientras leo en un periódico que un laboratorio norteamericano ha creado la “primera píldora inteligente”.

La cosa debe estar muy avanzada porque en pocos meses piensan ponerla en el mercado en colaboración con una empresa farmacéutica británica. Se trata de una píldora que lleva incorporado un minúsculo microchip (del tamaño de un grano de arena) capaz de registrar información y enviarla a un parche que el usuario tiene colocado en la piel. Desde ese parche, vía bluethooth, la información viaja hasta el teléfono móvil del médico o de la persona que atiende al sujeto.

Este microchip recoge información sobre los medicamentos que el enfermo ha consumido y sirve, por tanto, para que el facultativo sepa con certeza si su paciente se medica adecuadamente. El asunto no es baladí: enfermos crónicos, de edad avanzada o con trastornos mentales olvidan en ocasiones tomar sus medicamentos y ello influye decisiva y negativamente sobre la efectividad de los mismos. Corroborando esta idea, dice la OMS que, globalmente, el 50% de los pacientes toma sus medicamentos de manera inadecuada o, sencillamente, no los toma (también ha calculado el coste económico de los medicamentos no usados).Este chip permite controlar e informar además sobre ciertos factores orgánicos, como el ritmo cardiaco, la respiración o la temperatura del enfermo, que, de alguna manera, ayudan a evaluar la incidencia de los medicamentos administrados.

¿Cómo funciona el microchip? Contiene una mínima cantidad de cobre y de magnesio, dos metales que, al contacto con los ácidos estomacales, generan la electricidad suficiente para provocar el envío de señales que se diferencian entre sí en función del medicamento que han detectado. Esas señales son recibidas por el parche instalado en la piel y rebotadas hasta el teléfono móvil correspondiente.


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