Saint-Pierre-et-Miquelon
Siempre que puedo, escribo cosas sobre los pioneros, esas personas que, en un momento de su vida, dieron un paso adelante y se atrevieron a hacer algo que nadie había hecho antes. Me gusta esa gente, y más ahora que se habla tanto de emprendedores y de emprendimiento o emprendizaje (que no sé con cual quedarme porque lo he leído de las dos maneras). Hay historias para todos los gustos y también se dan casos de falsos pioneros, de personas que, voluntaria o involuntariamente, han pasado a la historia como los primeros que lograron algo cuando la realidad no fue así. Detrás de quienes se llevan erróneamente la gloria y los honores siempre queda olvidado el que realmente hizo la proeza o el descubrimiento. La historia abunda en casos de estos.
Viene a cuento esta introducción porque me he enterado de que un grupo de investigadores franceses pretende demostrar (sin chauvinismos) que al aviador francés Charles Nungesser se adelantó diez días al norteamericano Charles Lindbergh en su hazaña de cruzar el Atlantico sin escalas. Es conocido que Lindbergh, a bordo de su “Spirit of St. Louis”, despegó de Nueva York y aterrizó en París el 20 de mayo de 1927 después de volar durante algo más de 33 horas y media.
Está documentado que Charles Nungesser, en sentido inverso, partió de Le Bourget la mañana del 8 de mayo de ese mismo año pilotando un Lorraine–Dietrich al que había bautizado como “l’Oiseau blanc” (El pájaro blanco). No se volvió a saber nada de él ni del aparto, por lo que siempre se consideró como un intento fallido, pero en aquel momento y con posterioridad se recogieran evidencias suficientes como para pensar en la posibilidad de que su proyecto de cruzar el océano sin escalas había tenido éxito. Concretamente, el hallazgo de restos de un aparto similar al de Nungesser y testimonios de pescadores recogidos la mañana del 9 de mayo hacen pensar en una travesía exitosa que se truncó en el último momento. Hasta treinta indicios aseguran haber recogido estos investigadores.
La prueba definitiva, dicen, sería encontrar el motor, el único elemento que a estas alturas puede permanecer aún reconocible bajo las aguas, y a ello se van a dedicar a partir de la próxima primavera en una campaña de rastreo que durará tres semanas y que llevarán a cabo frente a las islas de Saint-Pierre-et-Miquelon (territorio francés de ultramar frente a las costas de Canadá), en una zona que, por cierto, conocen muy bien los pescadores vascos que faenaban en Terranova en los viejos tiempos y en los no tan viejos.
