El escribano y el borrón
Dice un conocido refrán que “el mejor escribano hace un borrón” y yo estoy absolutamente de acuerdo, y sostengo que ni el más ilustrado evita una metedura de pata, y que, por acudir a otra frase hecha, “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.

Hablemos, sin embargo, de otros”borrones”, de ésos que son achacables a nuestra negligencia o a nuestra mala fe. Concretamente, hablemos de la mucha basura que circula por Internet y de la responsabilidad de quienes la difunden. Se ha dicho que Internet es desde hace tiempo la primera fuente de información en el mundo; y que, dentro de ella, Wikipedia es el punto de consulta más solicitado. Lo que no se ha dicho es que Wikipedia y las demás enciclopedias virtuales son el resultado de las aportaciones voluntarias de muchos usuarios y que no siempre está claro si lo que allí se cuelga está debidamente contrastado y es veraz.
Luego están los miles de páginas, blogs y foros de todo tipo donde se colocan sin ningún control ideas, opiniones, informaciones, bulos, noticias, pseudo-noticias, etc., que convierten la Red en algo parecido a un basurero más que en otra cosa. Lo comprobé el otro día buscando información sobre una cuestión “menor”: ventajas y desventajas del agua oxigenada. De una parte, docenas de páginas Web me explicaban sus infinitas bondades (empezando por su precio), y venían a decir que su caída en el olvido se debe a una suerte de complot organizado por las multinacionales farmacéuticas que quieren que compremos otros productos desinfectantes y cicatrizantes (obviamente, más caros). En el otro extremo, otra pila de entradas poniendo en evidencia las desventajas del agua oxigenada (también del alcohol) e invitándome a utilizar productos alternativos. Una cosa sí me quedó clara: la abundancia de páginas sobre un tema determinado no significa gran cosa; la mayoría de ellas son copia de otras, y, si te molestas un poco, puedes seguir el rastro de la información hasta dar con su auténtico creador. Se copian entradas completas, párrafos enteros; se copian los errores mecanográficos, los de sintaxis, las faltas de ortografía; se copia sin duelo y, para colmo, se firma lo ajeno como si fuera propio. Mientras, engorda y engorda el saco de la basura.
Con todo lo cual, acudir a Internet se convierte en un acto de cierto riesgo que podemos solventar si aplicamos (otra vez) el sentido común: no te fíes de la primera información, contrasta las cosas, no des nada por sentado; en asuntos importantes –como la salud- acude al médico; si es preciso, pide ayuda; no colabores en la difusión de bulos y falsas informaciones; discrimina, es decir, “separa el grano de la paja”, distingue, diferencia, sé inteligente…
