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ETIQUETA CE

La etiqueta CE que ves en numerosos productos de consumo indica que éstos cumplen la legislación de la Unión Europea, lo que permite comercializarlos en todo su territorio. Cuando un fabricante o importador coloca esa etiqueta, está declarando, bajo su exclusiva responsabilidad, que el producto cumple con todos los requisitos, en especial con las debidas garantías en materia de salud, seguridad y protección del medio ambiente. Las repercusiones jurídicas y económicas de los abusos en esta materia son tan importantes que, en principio, deberían disuadir a las empresas que, actuando de forma ilícita, fabrican sus productos al margen de las normas y, además, incluyen la etiqueta en cuestión.
 
Has de saber dos cosas: PRIMERA, NO TODOS LOS PRODUCTOS QUE SE COMERCIALIZAN EN LA UE DEBEN LLEVAR OBLIGATORIAMENTE ESA ETIQUETA. Concretamente, hay 24 tipos o categorías de productos que sí han de incluirla: juguetes, productos eléctricos, maquinaria, ascensores, equipos de protección individual, explosivos, equipos sanitarios, etc.

SEGUNDA: LA ETIQUETA NO SIGNIFICA QUE EL PRODUCTO SE HA FABRICADO AQUÍ, SINO QUE HA SIDO EVALUADO DEBIDAMENTE Y CUMPLE LA NORMATIVA COMUNITARIA, sobre todo en cuestiones como la salud y el respeto por el medio ambiente, como se ha dicho. Por eso se dice que la responsabilidad de garantizar que todo es conforme a esas normas europeas es del fabricante y/o del importador.

OJO: cualquiera puede poner en sus productos la etiqueta CE dando a entender lo que no es cierto. Los Estados miembros de la Unión Europea tienen dispositivos de inspección para asegurar que todos los productos que se comercializan cumplen con las normas europeas de seguridad; también hay un sistema de comunicación rápida entre Estados para poner en conocimiento de los demás los fraudes detectados; además, llegado el momento, la ley persigue a los infractores.

Dando por hecho que todo eso funciona, en nuestras manos está descubrir los fraudes que, a pequeña escala, se producen en nuestras mismas narices. “Nadie da duros a cuatro pesetas” se decía en otros tiempos: si te ofrecen algo sospechosamente barato y tiene la etiqueta a todas luces de manera fraudulenta (o no la tiene), no lo dudes, acude a la autoridad competente, por ejemplo, a la oficina del consumidor. En tu localidad hay una por lo menos.


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