Desde Muskiz hasta Nordkapp
Fernando Cervello tiene 45 años y vino a vivir a Muskiz hace dos años --“harto de los mogollones de Portugalete y Sestao”-- en busca de tranquilidad. Fontanero de profesión y estudiante de euskera en el AEK de Sestao, va a hacer realidad uno de sus sueños en los próximos días: viajar hasta Nordkapp en moto.
Nordkapp es la meta de una de esas tantas rutas ya establecidas –sueño de muchos moteros-- y se sitúa en Cabo Norte, el punto más al norte de Europa en Noruega. Para ello tendrá que realizar la escalofriante cifra de 12.285 kilómetros en tan solo 23 días, lo que equivale a una media de 534 kilómetros por día. Sin embargo esto no parece ser un problema para Fernando ya que “andar en moto no sólo es hacer kilómetros”.

Nordkapp, Noruega
Para lanzarse a una aventura de este tipo es indispensable contar con unos buenos compañeros de viaje. Y a Fernando no le faltan. Compartirá el viaje con el gallego Iván Falcón y el catalán Llibert Cañadas. Los tres partirán de Muskiz el día 1 de agosto. Ya en Bonn (Alemania) se les unirá el cuarto aventurero, Guillermo Fagnani, que viaja desde Argentina. A modo de curiosidad, me parece importante señalar, que entre ellos no se conocen personalmente. Iniciaron su relación por Internet, debido a su pasión compartida por las motos.
Fernando atravesará Europa con su recién estrenada Kawasaki VN 900cc. Señala que es una moto “muy fiable” y ha depositado toda su confianza en los mecánicos de Muskiz (Motos la Milla) para su puesta a punto.

El muskiztarra otorga gran importancia a dos puntos del viaje, además de la meta, claro está. Por un lado quieren “vivir los fiordos”, y por otro lado, hacer una parada en el campo de concentración de Auswitch “es indispensable”. A pesar de llevar un itinerario ya trazado y laboriosamente estudiado, “no es una ruta cerrada y está sujeta a posibles cambios sobre la marcha”. Igualmente opina sobre el equipo: “no está cerrado, invitamos a quien quiera a unirse”.
Todos saben que va a ser un viaje duro, lleno de dificultades. Pero Fernando y su hija Andrea, que tiene dieciséis años y le apoya en todo, lo miran con optimismo: “es un proyecto importante, sueños que tenemos y son realizables”.

¡Buen viaje!